Los hechos y personajes de esta narración son absolutamente ficticios, cualquier parecido con hechos y personas de la vida real sería, en verdad, una triste coincidencia.
“…Yo no me meto con nadie, ¿entendés? a mi no me importa lo que hagan los demás. El problema, viejo, es que la gente acá no se cansa de meter las narices en la vida ajena. Que qué dijo, que qué hizo, que con quien está… No hermano, eso conmigo no va. A mi no me vas a encontrar dándole bola a esos puteríos. Yo voy de frente, si le tengo que decir algo a alguien, se lo digo en la jeta. De frente march.
Fijate que el agua esta un poquito fría, un poquito nomás.
Como te decía, che, ¡que quilombo fue esto!
Miralo a Fontevecchia ¡Presidente! Si cuando cayó acá se lo comían los piojos al croto ese, si hasta lástima te daba, ni plata para los puchos tenía. La cuestión es que un día aparece muy instalado en la oficina de la gerente administrativa, cebando mate, hablando boludeces, acomodando papeles, chupándole la media a la turra esa ¡Ay, que Sofía de aquí; ay, que Sofía de allá! La cuestión es que se enquisto ahí y no salio más y en cuanto te descuidás ¡Presidente! Uy dió no se puede creer, semejante nabo de presidente. Pero parece que de boludo tenia la cara nomás, porque de la noche a la mañana el tipo se transforma en un dandi, en un gentleman. Celular, ataché, auto. Como te decía, a mí no me importa lo que hagan los demás, ¿no? Pero si ese venía ad honorem, como decían, yo soy Ghandi.
“Y anda a saber lo que hacía encerrado todo el tiempo en la oficina con Sofía, porque esa tiene su historia también ¿eh? Según cuentan, ¿eh? A mi no me consta ni me interesa, pero esa mina era bravísima. Cayó un día con esos benditos planes que el gobierno les da a los que no quieren laburar, para que vivan a costilla nuestra. Empezó como secretaria de Córdoba, ¡Córdoba! El morocho, alto, pintón, si, ese, ese. Le atendía todos los asuntos, ¡todos! ¿entendés? No me gusta hablar al pedo pero te diré que este Córdoba no le hacia asco a nada, acá se comenta que se las paso pal cuarto a varias… y si lo dicen, algo debe haber, ¿no? Aparte vos tenés que verlo al tipo cuando le pasa cerca una minita, no digo una de esas yeguas que rompen las paredes, no, una mas o menos, nomás, y loco, al chabón las babas le llegan hasta las rodillas, te tenés que apartar porque te salpica, si te descuidas quedas chapoteando en las babas del tipo. Y bueno, esta mina aprovecho eso y lo uso para trepar. Los que la conocen de antes dicen que tiene esa maña, esa habilidad… no se… porque es una habilidad ¿no? Lo mas lindo es que vos la mirás, y la tipa no vale mucho. Una morocha retacona con unos modales de arriero; pero le sacudia las gomas esas de plástico que tiene en la trucha del pobre tipo y lo dejaba grogui.
“La cuestión es que al poco tiempo ya estaba compartiendo la administración con las otras dos, la gorda Farabini y la Marucha Marzola. Esta bien que hay que decir que juntando a las dos no hacías ni media, pero la forma en que les serruchó el piso es digna de figurar en los manuales. Una verdadera obra maestra del serruche.
A la gorda la cagó enseguidita nomás, porque se quiso hacer la estrecha y la mandaron de una a contar internados. Encima, en un alarde democrático, dice que es radical ¡te imaginás! Se cavó la tumba solita. La Marucha resistió más, pero le hacían la vida imposible. Al final terminó en un escritorio, encarpetando facturas de las que no tenía la menor idea.
Mmmhmm, fijate que me parece que se tapó la bombilla y ponele más yerba que esta muy largo.
“Como te decía, estos dos pajarracos, el director y uno de los asesores se hicieron un festival… ¿Cómo? El director, el petiso Santoni, el peladito, carita de querubín, si, si, ese que dicen que se le cae el paquete, ¿Qué como lo se? Que se yo, lo escuche, es lo que se dice, yo no tengo nada contra esa gente, che; ni tampoco me dejo llevar por habladurías, peeeero, muy machote que digamos no parece. Y el asesor es el Negro Ramírez. Pero decime ¿dónde vivís, en un termo? Ramírez, ese que está en política, pero nadie sabe bien que hace. Asesor, le dicen. Un tipo sin estudios ni profesión, que nunca en su vida trabajó pero que vive mejor que cualquiera. Y, si… supongo que son un mal necesario, Cualquier político que se precie tiene uno. Ellos están ahí, trafican influencias, consiguen planes, subsidios, becas y se las arreglan perfectamente para que todos esos beneficios no vayan a parar a los que realmente lo necesitan, de eso quedate tranquilo.
Mirá, bien, bien, no se, pero dicen que esos eran como los cuatro jinetes del Apocalipsis, ¡mamita querida! Arrasaron con todo. Y hay que reconocer que la venían haciendo bien, se rodearon de un séquito de arrastrados que le hacían el caldo gordo y mientras tanto palo y a la bolsa. Que se yo, vos me preguntas cada cosa, también ¿Qué pruebas va a haber?, yo no vi ninguna. Ellos manejaban casi cien mil luquitas por mes ¡por mes! Casi sin control, y en ese tiempo, con la malaria que había, ¿Quién no te iba a dibujar una boletita? Comprame a mi y yo te hago una caidita, una mano lava a la otra, hoy por mi y mañana por ti, y todos los refranes que se te ocurran. Y aunque vos no lo creas, todavía hay gente que cree que fueron unos pobres angelitos de Dios, inocentes traicionados por una jugada política. Ojo que algo de eso hay, también, porque la venían llevando de órdago hasta que se marearon y empezaron a repartir mierda. Se creyeron inalcanzables y empezaron a cagar gente hasta que tropezaron con la horma de su zapato. Se metieron con la Garmedia. ¡Y si! ¡En su putísima vida iban a pensar que la Garmendia iba a llegar donde llego! ¿Te tengo que decir todo? ¿Cómo donde llegó? ¡Boludo, la Teresita Garmendia…! ¡Un toque de distinción para el Concejo, la mina esa!
Y ese fue el comienzo del fin. La tipa esta, quilombera como era y encima con conexiones, empezó a remover el avispero, y cuando se destapó la olla el olor a podrido llego a lo mas alto. Empezaron a caer una auditoría tras otra y se armó la caracatanga. Y si, de esto hace una pila de años y fue un circo en toda regla, pero después no pasó más nada. Viste como son las cosas en este país, robás una gallina y te encanutan, vacías una institución pública y nunca hay pruebas suficientes. Andá a saber si al final esta pobre gente no era inocente y le hicieron una cama.
Bueno, che, muy ricos mates, ya hable mucho, y no se si te lo dije, pero a mi no me gustan los puteríos, no les doy bola, ¿entendés? Me voy a ver si hago algo. ¿Que decís? ¿Que qué pasa con los que están ahora? Esa, querido, es otra historia…”
jueves, 6 de mayo de 2010
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